
Cuenta ya la historia que, hace décadas, cuando la prole iba al cine a ver una de romanos tenía que aguantar primero una de franquistas. Cuenta también la historia que había, naturalmente, una izquierda a la que esto le molestaba mucho pero, como no tenía voz, nadie la escuchaba. Finalmente, cuenta hoy el periódico, que esa misma izquierda cambió tanto que un día decidió que aquella historia de franquistas quizá podía serle útil.
Parece que los inquilinos del ayuntamiento de Gijón no se cansan de hacer propaganda con el dinero de todos, ¡y con la que está cayendo!. La cuestión es que al equipo de gobierno se le ha encendido la bombilla y ha decidido proyectar, al comienzo de una obra en el Jovellanos, un vídeo en el que la alcaldesa nos cuenta las maravillas del remodelado teatro. Maravillas que presenta como un indiscutible regalo que nos hacen, pagado a escote pericote, el de la ceja y nuestra querida alcaldesa. Nada más lejos de la realidad.
No cabe decir que cualquier gobernante con dos dedos de frente hubiese lavado la cara del teatro; no cabe decir que el dinero, al venir de impuestos, lo pagamos todos. Sin embargo, es más fácil fundirse el "parné" del personal y luego contar en el NO-DO del siglo XXI que son muy majos y altruistas, interpelando al de la butaca con la pregunta: "¿A que nos ha quedado mono?".
Creo que Franco estará contento de que su idea aún se utilice. Sólo queda por solucionar un problema y es que, hoy en día, el pueblo sí tiene voz, y el otro día la utilizó. ¡Vaya si la utilizó!.
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