Porque Asturias no es una región donde cada uno vale por sus cualidades o méritos. Estamos gobernados por un poder que, tras una democracia entera en la poltrona, debe tantos favores como ha recibido y esto, amigos míos, se paga caro. Pero, una vez más, el precio no va a ser abonado por nuestros dirigentes, sino por todos los asturianos que con nuestro dinero contribuimos a sufragar los costes de mantenimiento de un Gobierno en ruinas.
Debemos también los jóvenes pensar muy detenidamente en esto. No se trata sólo de un problema para los más adultos, sino que es una manera de gobernar que hipoteca nuestras posibilidades de futuro. Así, nunca podremos opositar sin sentir que "el hijo de..." tiene una prioridad dada por el apellido. Ni podremos crear una empresa sin padrinos que nos ayuden en la Administración.De nuevo, este socialismo encorsetado tiende a repetir las más rancias costumbres de la época felipista. Es decir, o con el poder o contra el poder.
No nos debería de extrañar que, si hoy hay que rendir pleitesía por un contrato público, no salgan mañana Areces o Fernández (alias Pimpinela) gritando "To' pa'l pueblu" mientras expropian a aquellos empresarios que nunca fueron serviles. Alfonso Guerra debe estar orgulloso.