lunes, 21 de junio de 2010

La hora de los jóvenes

Después de mucho tiempo, demasiado diría yo, voy a volver a engancharme a mi blog. Y creo que la mejor manera de volver, porque hay muchas y no todas son iguales, es dando forma a unas reflexiones que llevan tiempo ocupando mi cabeza: ¿por qué se está comprometiendo el futuro de los jóvenes? ¿por qué debemos de hablar mucho más en el mundo de los adultos? ¿Por qué debemos de protestar y alzar la voz?

El otro día, en el congreso de Nuevas Generaciones de Gijón, dije en mi informe de gestión que la preocupación de los jóvenes no era cuánto dinero regalábamos a la dictadura cubana, ni cuántos conciertos anti-sistema organizábamos en nuestra ciudad. Sino que, las verdaderas preocupaciones de nuestra generación, son estudiar, acabar la carrera y encontrar un trabajo digno. Preocupaciones, cómo no, desatendidas en todo momento por los gobiernos local, autonómico y nacional. Sin embargo, mientras a los jóvenes creen que se les contenta con placebos de dudosa calidad, el socialismo firma por ellos unas hipotecas que no tardarán en pasarnos factura. Es decir, no sólo nos quieren mantener callados, sino que nos hacen partícipes de su incapacidad dejando de nuestra cuenta los frutos de su nefasta gestión: un ente público plagado de funcionarios y altos cargos con más sueldo que competencias, un sistema de pensiones que niega el ciclo demográfico, un modelo productivo estancado por su falta de innovación, una democracia candente donde el "todo vale" ha superado a la convivencia.

¿Y qué haremos nosotros dentro de veinte años? Veamos la situación. Debido a la política zapateresca de "escurrir el bulto", tan bien seguida por Felgueroso y por Areces, se está dejando para mañana lo que se debe de hacer hoy. Es decir, cuando los que mandemos seamos los que hoy somos jóvenes, tendremos que lidiar varios frentes. Por ejemplo, si siguiesen gobernando los mismo, seremos nosotros quienes reformaremos la Constitución, quienes modernicemos el sistema de pensiones, quienes tendremos que hacer frente a los problemas endémicos del sistema de la Seguridad Social, quienes pelearemos el siguiente proceso estatutario, quienes nos enfrentaremos al desmantelamiento total de las cuencas mineras cuando llegue el fin de sus subsidios, quienes habremos de impulsar un nuevo modelo agrario por el fin de los fondos europeos. Esta es nuestra realidad, la realidad política de las personas que hoy tenemos entre veinte y treinta años, si no se produce un cambio radical en la manera de gobernar.

Pero no quiero que me malinterpreten. No es miedo a ser una generación elegida para el cambio social de nuestro país, al revés, es un orgullo. Sin embargo, creo que la acumulación de deberes sólo traerá el "aprisa y corriendo", ya que el que mucho abarca poco aprieta. Por eso creo que cambiando hoy, siendo joven y votando gobiernos valientes y realistas, mirando a nuestro futuro y actuando en consecuencia, podremos salvar la sociedad que construiremos, los gobiernos que nos tocarán votar y, a algunos, dirigir. No es cobardía, son ganas de hacer las cosas bien y de poco en poco; aún así, el trabajo que de manera natural nos va a tocar no es ni mucho menos menor, pues de lo dicho arriba mucho nos quedará por hacer.

Es por todo esto que hoy creí correcto escribir sobre la realidad que nos espera a tantos jóvenes. Dejarme de rodeos. Hoy tenemos gobiernos que adoran el acomodo: dirigentes a los que regalaron una transición y se niegan a empezar otra por pura comodidad. La juventud debe protestar y pedir valentía, hablar de futuro y empezar a construirlo. Realmente somos, y no de una vacía manera metafórica, el futuro.



Andrés Ruiz.