martes, 24 de noviembre de 2009

La juventud imperecedera del asesino


Aparece hoy en La Nueva España que Jesús Montes Estrada, concejal de Izquierda Unida y mitificador de genocidas en ratos libres, está preparando un mapa histórico de Gijón. Hay motivos para echarse a temblar pues las palabras historia e Izquierda Unida en la misma frase auguran el enaltecimiento de asesinos, la reestructuración de la historia como un juego de buenos y malos, la reeducación de aquella masa amorfa que llaman "ciudadanía" y la utilización de las arcas públicas para desangrar la convivencia nacida de la Transición.


La concejalía liderada por IU prepara un callejero de Gijón donde se señalan, entre otras cosas, calles conmemorativas de luchadores por la libertad y lugares donde exiten o existieron fosas y prisiones. Por supuesto, las fosas son de "aquellos que mataron a Lorca" y nunca de los que se dedicaban a matar anónimos curas, profesores o votantes de la CEDA. Entre los nombres de tan ilustres señores aparecen: Rosa de Luxemburgo, Karl Marx, Dolores Ibarruri, Rafael Alberti, Pablo Neruda, etc.


Es una anormalidad histórica el llamar "luchadores por la libertad" a asesinos que perpetran sus crímenes en el nombre de la revolución. Es anormal que las calles de Gijón estén plagadas de nombres de genocidas, alentadores del genocidio o ideólogos del genocidio. Es anormal que la gente tenga que tragarse sus palabras y no pueda clamar contra el resentimiento de algunos liberticidas que se erigen como héroes. Es anormal, en cualquier estado exento de bananerismo, que unos asesinos vean reflejada su juventud imperecedera en estatuas de bronce.


Es el peaje que el socialismo ha impuesto por la democracia: olvidar que ellos también han sido asesinos.

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